Este verano, de 9 a 21 horas, vas a poder disfrutar de una las experiencias más innovadoras en el corazón de la Ciudad.
Desde su apertura, el Mirador Obelisco se consolidó como una de las propuestas imperdibles de Buenos Aires. La experiencia de subir y obtener tan ansiada selfie con la avenida 9 de Julio de fondo despertó un renovado interés por el ícono porteño, que amplió su horario para visitarlo de 9 a 21 horas.
Al ingresar, es inevitable mirar hacia arriba buscando la cima en forma de diamante. Las luces led dispuestas en los siete descansos de las escaleras que se erigen al costado del ascensor permiten ver con absoluta claridad el interior hermético, misterioso, tantas veces imaginado por los porteños y los turistas que pasan por la zona.
Lo primero que sorprende al ingresar es la gran estructura de hierro gris que contiene al elevador. Adentro, el espacio luce despojado: no hay ornamentos ni objetos que desvíen la atención, salvo un banquito de madera en el que entran cómodamente tres personas y sirve para esperar sentado el momento de tomar el elevador.
Aunque la expectativa está puesta en lo que va suceder arriba, abajo, también pasan cosas: se pueden sentir las vibraciones y el sonido inconfundible de las líneas de subte que allí confluyen y conectan a porteños y turistas con este punto neurálgico de la Ciudad. El Obelisco late al ritmo de Buenos Aires y su gente.


